Encuentros 3: Hoy voy a desear

 Hoy voy a desear [...] Deseo que sea mejor que él. Tal vez más alto que yo. Formido... aunque no mucho. Lo justo para perderme entre sus brazos y acurrucarme en su pecho. Me gustaría que tuviera pelo. No, como un mono selvático. El pelo en la cabeza; no por el culo o las extremidades. ¡Sí!... “por desear”.  

Que tenga el pecho bien formado, como esos culturistas hercúleos con los que dan ganas de jugar a la pelota con sus pezones. Me encantaría que me cubriera entera. Sentirme tapada por una manta de carne en donde apenas pudiera asomar la nariz a través de su cuello.  

Siempre me gusto sentirme indefensa. Una muñeca rota que necesita cariño. ¿¡Por qué no!? Me gustaría sentirme protegida para variar. ¡Que se interesase por mí! ¡Que viviese por mí!  

Escuchar palabras bonitas.... ¿Cómo estás preciosas? ¿Que necesitan tus lindos labios? ... ¡Besos! ¡Necesitan besos! ... diría yo. 

Cuanto echo de menos una mano acariciando mi espalda. ¡A ver estúpida, que floja eres! Lo que quieres es que te abarque el culo con una sola mano. ¡Siempre romantizando! ¿Y porque no? Sigo siendo una niña a pesar tener cuarenta y tres. Toda la puta vida escuchando los cuentos del príncipe y la princesa, que termina una pesando que es incapaz de respirar si no hay un amanerado con capa a su lado. Pero aun así, no deja de ser bonito.  

¡Hostias! ... Bonito... ¡en los cuentos! La vida real es muy distinta. El amanerado no sabe follar, y el estrés de la vida pide maltrato. ¡Sí! ... Un empotrador ... un armario ropero... “¡¿Que fantasiosa?!” Como si no supieras luego como termina todo... Primero te sujeto el cuello, te azoto el culo, te inmovilizo la cara... y te pego una hostia... Y tú te quedas ahí pensando que ha sucedido.  “¿Se habrá dejado llevar por el momento?” ... y no dices nada. Y te callas... y entonces hay una segunda hostia, y después una tercera, y no sabes que está pasando. ¿Habré entendido mal algo? ¿Porque me pegas? Pero no se lo dices, y él lo toma por consentimiento. Y no dices nada porque estas bloqueada, porque no sabes que está ocurriendo... ¡Joder! ¡Es que duele!  

¿Quién coño pregunta cuando te meten un puñetazo en el estómago? Lo más que puedes hacer, es retorcerte de dolor. Y entonces él, sigue... No ve reparo, no ve molestia. Y tú estás ahí, cubierta por su cuerpo sin poder moverte, sin saber que decir, mientras él no deja de golpearte. El placer no está solo en follarte, también está en maltratarte.  

Pero a mí no me gusta que me maltraten. Ni siquiera el sado se entiende así. No hay placer en el dolor. El placer tiene que ser consentido, y a mí no me gusta que me peguen.  

¡Culpa tuya por no poner límites! “Para esto son las amigas” ... Para que te digan que tú tienes la culpa de que te peguen. Y cuando se lo cuentas, les falta tiempo para saber de primera mano si es verdad que le gusta pegar cuando folla. ¡¿Pero estamos locas o qué?! Demasiada literatura erótica que se confunde entre el sadismo y el deseo.  

No... no quiero que sea como él. Ya no...  

Tengo derecho de volverme a enamorar. Tengo derecho de volver a sentirme querida. ¿Pero el amor que es?, ¿La milonga del príncipe?, ¿la realidad del sádico?  

¿Qué es el amor? ¿El engaño que sufrió mi madre para terminar atrapada entre cuatro paredes y rodeada de hijas?  

Harta estaba de la vida, ¡la vieja puta que nos amargo la existencia!  

¡¿No había otro camino?! Primero te pegaba él y después nos pegabas a nosotras.  

¿Porque no te enfrentaste nunca a él? ¿Porque la cogías con nosotras? ¡¿Qué culpa teníamos nosotras?! ... Aún me duelen tus golpes, aunque me duelen más, los golpes que le diste a Noelia. Ella era la favorita de papa, y tal vez por esto, era con la que más te desahogabas.  

¡Puta vieja criminal! ¡Mal nacida! Así terminaste... ¡sola! Completamente sola, sin nadie que te cuidara. Nosotras en un centro de acogida. Papa muerto en un descampado a causa de su cirrosis y tú... sola... completamente sola. ¿Porque nos pegaste? ¿Porque nos hiciste pasar por el mismo infierno por el que pasaste tú? [...] Podía haber sido todo tan distinto... Podíamos haber vivido juntas, habernos querido como se supone que se quieren las familias. Podíamos habernos protegido....  

Pero no... La amargura siempre se adueña de la casa del pobre. Allí, todos teníamos que ser infelices.  

¿Fue Noelia verdad? fue Noelia la que hizo que te dieras cuenta de todo el mal que le habías echo. Tuvo que suicidarse para que te dieras cuenta. Tuvo que lanzarse al vacío para que te dieras cuenta.  

¿Sabes por qué lo hizo?... Porque solo fue capaz de repetir tu misma historia. Lo primero que hizo cuando salió del centro de menores, no fue buscar la libertad.  

Repitió tus mismos pasos. Se enzarzo con un misógino edulcorado que supo oler a distancia la fragilidad de Noelia. Mucho romanticismo, mucho amor. ¡Mucha mierda! hasta que llego la primera hostia... he hizo como tú [...] Se callo, agacho la cabeza y espero a que pasara la tormenta. Hizo lo que siempre veía en casa. La razón por la que a ella le pegabas. Tardo poco en quedarse embarazada. No me dio tiempo a reaccionar. Porque yo al igual que ella; estábamos inmovilizadas en la misma tela de araña. Saltó... saltó abrazada a su barriga para proteger lo único bueno que le había dado la vida: “Un hijo”. Ella nunca le haría daño a su hijo. Nunca repetiría en él el dolor que ella sufrió. Prefirió quitarse la vida a tener que repetirla.  

De mí nunca te acordaste. Solo de ella. Saber su final es lo que en verdad acabo contigo. Supiste de sobra de quien era la culpa de que todo cuanto paso. Y aquí termino tu historia.  

Pero no la mía. La mía no fue muy distinta. ¿Me enamore o me escape? Quise salir corriendo de aquel centro de acogida. Dieciocho años... en la calle... sin nadie, sin nada. Con el primer bastardo que me encontré y me ofreció su ayuda. Qué difícil es empezar de cero cuando no puedes elegir. Cuando te ves obligada a salir a una realidad sin nadie que te ampare [...] ¿Y qué hago?... ¿Y que podía hacer? Siempre con una mano delante y otra detrás.  

Ramón... Así se llamaba y allí lo encontré. Apoyado en la barra de un bar mientras mendigaba un café caliente que calentara mi cuerpo. Son como las garrapatas... siempre están al acecho. Treinta años mayor que yo. Un amargado de la vida que vio en mí una oportunidad caída del cielo. Aceptar aquella invitación, fue una entrada que pague con mi vida.  

Preguntas y más preguntas. Palabras bonitas. Yo sin nada y aquel monstruo ofreciéndomelo todo. La comida, una casa... la ducha. Él decía que solo quería amor, y yo solo quería sentirme querida, protegida. ¡Era una niña de dieciocho años a la que habían echado de un centro de menores!  

El único pasado me lo diste tú. Violencia.... ¿Qué clase de base es esa con la que poder moldear un futuro? ¡Ninguna! La violencia solo genera más violencia y malas decisiones. Y yo no hacía más que tomar malas decisiones [...] Toda mi vida he tomado malas decisiones.  

Ramón era un calco de lo que fue papa. Un maltratador que intercalaba las palabras con golpes. Lo mismo que sufrió Noelia.  Lo mismo que sufriste tú.  

No aprendemos de los errores. Entre otras razones: porque es lo único que hemos vivido y pensamos ingenuamente que es lo normal. Que es lo que nos toca vivir; porque para eso hemos nacido.  

Fuiste una mala maestra. Un pésimo ejemplo. Pero yo no tuve hijos. Bien se cuidó la naturaleza para que eso no sucediera. Dos abortos... Una caída por las escaleras y un atropello involuntario. Eso es lo que decían los partes médicos. Aunque todos supiéramos la verdad. A Ramón se le daba muy mal mentir. Nunca se le dio nada bien. Solo estar postrado en la barra de un bar hablando de historias inventadas. La primera vez fue un puñetazo en el vientre. En la segunda; salte del coche en marcha para evitar que siguiera pegándome.  

A partir de aquí... ya no pude tener más hijos [...] Y me alegro. ¿Qué clase de vida les iba a poder dar yo ante semejante panorama?  

A Noelia la echaron tres años después de que saliera yo. Quise ayudarla. Pero no me dejo. No quiso saber nada de mí. Ramon me impedía ir a verla. No quería que tuviera más vida que la que él me imponía. Quise explicárselo. Pero la rabia de sentir que todo el mundo la había abandonado era suficiente para dejar de escuchar más palabras que no fueran las de salir huyendo, con la intención de dejarlo todo atrás.  

Y así fue... Como esa búsqueda desesperante hacía adelante sin nadie que te guie en el camino, termina convirtiéndose en un infierno del que no podemos escapar. Nadie nace independiente, y por esto, muchas terminamos siendo dependientes de un panorama aún más terrorífico.  

Un día me llamaron. No podían contactarte. Noelia había saltado del balcón. Murió en el acto. El golpe en la cabeza abrió su cráneo como si este fuera un melón. Su hijo no tuvo distinta suerte. Noelia... la niña preferida de papa. La más hermosa de las dos. A la que pegabas cuando él no estaba presente... Ya no estaba entre nosotros. Y allí apareciste tú. Después de tres días en el depósito de cadáveres sin que nadie la velara. Apareciste tú, con tu traje de circunstancia de luto riguroso. El mismo traje que nunca te quitaste desde que encontraron a papa muerto en el descampado. Como si con ese traje, quisieras negarte la vida que te negó tu propio maltratador.   

La muerte de papa no fue una liberación, como tampoco lo fue la muerte de Noelia. Fue un recordatorio. El recordatorio de lo que fue una vida truncada. Una vida perdida.  

Aquella vez, fue la última que nos vimos. Ya antes te habías encerrado en aquella casa de la que apenas salías. Solo tú con tu soledad. Tú y tus locuras. Siempre me pregunte, si aún a pesar de todos los golpes que recibiste por parte de papa, aún lo querías.  

Cuando no conoces más vida que la vivida y de pronto lo pierdes todo, no dejas de añorar el pasado, aunque este fuera malo. ¡¿Esto es lo que te ocurrió a ti?! ¿Creíste perder con la muerte de papa, la única vida que había en ti?  

Noelia estaba sobre una camilla esperando a que alguien se hiciera cargo del cuerpo. Nadie tenía dinero con el que pagar su sepelio. Y una vez más, tuvimos que recurrir a las ayudas para poder incinerarlo. Sus cenizas se amontonaron en una urna en la que iban a parar todos los desterrados. Vagabundos, pobres, defenestrados... Y ya lo único que quedo de Noelia, fue el recuerdo que aun mantengo en mi memoria. Un recuerdo que calcino la poca vida que te quedaba.  

No tardaste mucho en ocupar la misma nevera en la que Noelia esperaba a despedirse de nosotras. Solo fui yo a hacer el encargo de validad tu nombre. De afirmar que aquella mujer, era la misma que junto a papa, nos destrozó la vida. El procedimiento fue el mismo. Ni siquiera la casa que tenías hipotecada sirvió para que no tuviéramos que recurrir a las ayudas con las que poder incinerarte. Tus cenizas no solo se mezclaron con las de Noelia. También con las de todos aquellos desconocidos a los que nadie echo en falta.  

¿Y todo para qué? Es algo que siempre me he preguntado. ¿Todo para qué?  

¿Por qué aguantar? Y esta idea se me enquisto en la cabeza durante los años posteriores. Una idea que se reafirmaba cada vez que Ramon volvía a golpearme una y otra vez... ¿Por qué aguantar? 

Y un día todo acabo. Un día decapite la cabeza de la serpiente para que nunca más volviera a tener miedo.  

La última vez que me pego. Y la primera en la que me enfrente a él.  

El cuchillo atravesó su cuerpo limpiamente. No encontró hueso que lo impidiera. El mismo cuchillo con el que había preparado su comida. Con el que lo había alimentado, se introdujo por su estómago y haciendo una línea recta, salió por su costado.  

Aquel cuchillo lo había afilado durante años esperando realizar un deseo. Siempre fue mi secreto oculto. Mi válvula de escape. Mi tic psicótico con el que aligeraba mi venganza. Y aquel día deje de tener miedo. La facilidad con la que raje su cuerpo de lado a lado, fue una liberación que siempre había sentido como ardua y trabajosa. Y hacerlo todo tan fácil... algo tan sencillo como seguir la guía que va marcando el propio filo del cuchillo sin tener con ello que repetir los trazos con los que vestimos nuestras cobardías... Simplemente; me quito el peso que durante años me impidió reaccionar.  

Lo deje allí; tirado en el suelo. El mismo suelo en el que terminaba yo cada vez que enloquecía. Intentando taponarse una herida que prácticamente lo atravesaba de lado a lado.  

Viendo como había cambiado su suerte sin darse cuenta aún; de que el tiempo para él, había terminado.  

Murió con la incredulidad con la que mueren los acosadores que siguen pensando que tienen el poder.  

Esta vez no acudí a verificar su membresía... Sus cenizas terminaron en el mismo montón en el que van a parar todas aquellas que no son demandadas.  

Pase de una celda sin barrotes a otra con barrotes: compartiendo cámara con una toxicómana que robaba dinero y se prostituía, con la intención de seguir costeándose su tratamiento hacia el olvido. 

Alguien como yo. Una desgraciada que no tuvo más ayuda que sus propios recuerdos para salir de una situación en donde apenas había alternativas.  

Pero hoy es un día diferente. Hoy nos dieron permiso para estar con los chicos del módulo cinco.  

Será nuestra primera cita después de cuatro años sin catar más sexo que el coño de las compañeras.  

Nos hemos vestido de gala. Ella va sin bragas. No las necesita. Dice que así acorta el camino y se deja de mariconadas. Lo que necesita son los dedos de un hombre introduciéndose por su coño. Yo le digo que no se acelere; que ya podrá pedir el vis a vis cuando encuentre al elegido. Pero ella dice que no. Que lleva demasiado tiempo sin follar como para perder el tiempo escogiendo. Que a ella le da igual la personalidad, que lo único que quiere es a alguien que la empotre y la de gusto al cuerpo. Que después de esto, ya se consolara con el recuerdo el tiempo que le reste de condena. Que los hombres solo traen cosas malas y ninguna buena. Que al igual que ellos nos utilizan a nosotras, también podemos utilizarles a ellos. ¡Que son presos, joder! ¿Qué clase de príncipe puedo encontrar entre ellos? ¿El príncipe de los ladrones? 

Yo me quedo mirándola y asintiendo con la cabeza. La aprieto el culo a través de un vestido ligero de gasa que marca las curvas de su cuerpo y la digo —: Siempre me tendrás a mí. — A lo que ella responde — No lo dudes... pero si me vas a comer el coño, prefiero imaginarme que me lo está comiendo un hombre. No te lo tomes a mal; pero estoy harta de verte. Necesito alimentar mi imaginación para poder existir; y ahora no puedo drogarme.  

Y allí estamos las dos, esperando a que nos den permiso para salir de nuestras celdas con la intención de interactuar en el patio con los compañeros del bloque cinco.  

Yo sigo en mis trece... sigo pensando en el amor. En la posibilidad de sentirme querida y respetada. En encontrar a un hombre que me cuide, y que beba los vientos por mí. Un hombre que me ofrezca la vida que merezco, y no la que ya he vivido. Un hombre que no me pegue, ni me mienta ni me maltrate. Un hombre que se vista como un príncipe amanerado, pero que me empotre entre sus brazos, haciéndome sentir diminuta e indefensa.  

Solo nos dejan tres horas.... Sera cuestión de no perder el tiempo. Me voy a quitar las bragas también.  

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