Tercer Día
Tercer día
Ay que gustito pa mis orejas
enterradito entre tus piernas,
y tú me dices ay! Que te responda,
yo todavía no te he escuchao, a tu
pregunta.
Ay no te oigo bien,
porque ando sumergido en tu
miel.
Ay que gustito pa mis orejas....
Raimundo Amador empezó a sonar a través de los altavoces. Una luz tenue comenzó a tragarse de nuevo la oscuridad de la habitación hasta que todo quedo bien iluminado.
--¡Que cachondos se han levantado hoy los guardianes de las buenas maneras! ...Está bien. Cualquier cosa que hagáis está dentro de lo inexplicable. ¡Todo esta es una locura! Pero si sois gente de palabra, en dos días estaré en la calle. Lo cierto es que no me acuerdo en qué lugar estaba cuando me secuestrasteis. Ni lo que estaba haciendo.
enterraito entre tus piernas,
y tú me dices hay! que te responda,
yo todavía no te escuchao a tu pregunta,
lo más grande de esta noche, que
se hizo día,
sí saliera el sol, a mí me verías.
como un conejillo entre tus piernas...
Un chirrido como si se estuviera moviendo un mueble, se escuchaba cada vez más cerca detrás de él.
-- ¡Siempre la misma mierda! ¿Cómo se te ocurra decirle a un hombre que todos somos iguales? ¡y, por tanto!, ¡nos merecemos el mismo respeto, sueldo y empleo que un hombre! Siempre me toca empujar el puñetero sillón a todas partes. Y encima son de estilo antiguo para darse más pábulo. Como si eso les diera otra categoría. No puedo sentarme en la pelota de goma que compre con la idea de hacer estiramientos. ¡No! Tengo que usar esta reliquia del pasado por donde habrán pasado mil culos. ¡Que esa es otra! Ponerte a imaginar la cantidad de penes y coños que se han rascado sobre este sillón. ¡Que asco! Si fuéramos todos en pelotas, muchas de las cosas que hacemos habitualmente, no las haríamos. Pero nos da por pensar que unos milímetros de ropa nos protegen de rozarnos con el sexo opuesto. Sí lo pensáramos bien, se acabarían los festivales de música y los viajes en metro en hora punta. ¡Y olvídate de subir a alguien a hombros!
El chirrido seguía produciéndose detrás de él. La forma de unas posaderas apareció a un lado de su cuerpo, con los brazos extendidos, mientras seguía arrastrando el sillón hasta colocarlo frente a él.
¡Y encima la musiquita! ¡Están graciosos hoy! (...) Poco vais a meter la cabeza si vais en este plan haciendo las cosas. Lo que es por mi... ¡Olvidaros!
La mujer se apoyó a descansar en el respaldo del sofá, mientras miraba a Emilio.
--¡¿Ves, tú lo tienes claro!? No dejas nada a la imaginación. Podrían hacer un bodegón con tu imagen. Hombre sentado desnudo en el cagadero, mientras le cuelgan las pelotas en el interior del inodoro. ¡Ya está! Una obra perfecta para mostrarla en el Ifema de Madrid. “El hombre en su estado puro” Estoy más que segura que alguien compraría la obra a precio de oro, y la colocaría en el hall de su empresa para llamar la atención de sus clientes.
¡No es mala idea! Voy a tener que patentarla. Pero tiene que ser como tú. Calvo; de piel arrugada buscando descanso. Y con esa sonrisa de: ¡Me lo estoy pasando de puta madre!
¡Vale!¡Ya podéis dejar la musiquita de los cojones! ¿Sabes que el autor de la letra es de Pablo Carbonell? Hasta qué punto tiene que estar la gente hasta los huevos, para que termine gustándole una música de este estilo. La gente necesita evadirse. La pregunta es: ¿De qué tiene que evadirse? Si lo supiéramos y le pusiéramos remedio, Tal vez alguno dejara de usar la terapia. Somos lideres junto al tío SAM en medicamentos contra la depresión ansiedad etc. Algo que no se explica si hiciéramos caso a nuestros gobernantes. Para los cuales, la vida es un camino plagado de nubes de azúcar que vamos comiendo, mientras nos arrastrarnos por el estercolero que dejamos atrás.
Los alemanes tomaban LSD como antidepresivo. El de bigotito ridículo, se lo inyectaba por vena cada día. Solo así se comprende que una masa tan poderosa como la alemana, que estaba pasando necesidades, se convirtiera en el terror del mundo.
La vida de las personas no vale una mierda. Te podrían haber matado cuando les diera la gana. Pero en vez de eso. Se gastan un montón de presupuesto, en recoger información, y tenerte aquí, solo para saber el comportamiento de la mente humana, estimulada por diversos acontecimientos que cambiaron el trascurso de cada una de nuestras vidas.
No sé, si la idea es para controlar a una sociedad, ya de por sí, adormilada. O despertarla de una puñetera vez para que se revele contra el régimen dictatorial establecido desde el día en el que nacemos.
¿Somos libres o esclavos? y ahora con las nuevas tecnologías... ¿Somos más libres o más esclavos?
Si una mujer quiere ser igual que un hombre. ¿Tendrá que hacer todo lo que hace el hombre? El hombre está programado para la caza, para la lucha, para hacer el gilipollas tirándose por un balcón a una piscina. Lo lleva en los genes. Es como un pavo real que abre sus plumas delante de la pava, para meter su cabecita entre sus piernas, como dice la canción. Al final, todo confluye en la procreación, en la búsqueda del animal más fuerte, el que tenga más dinero para mantener a las crías. Y una vez superado esto, el hombre deja de importar. Luego solo queda la supervivencia, y dependiendo del uso que le hayas dado a tu cuerpo y como este. Podremos elegir entre los muchos pavos que pretenden meter la cabeza para degustar el néctar que chorrea por nuestros muslos.
El amor es un trampantojo. Solo ves aquello que quieres ver. ¿Y una pregunta? ¡¿A qué coño viene toda esta mierda!?
Yo estaba arrastrando el puto sillón por todo el pasillo. Y estoy aquí de pies, ablando de lo que es el amor contigo. ¡Y la puta igualdad de género! (Grito al techo)
El día que me tome enserio el gimnasio ya veréis ¡cabrones! Pero por lo demás, todo va según lo previsto. Voy a recoger los papeles, y a ver si puedo sentarme de una puñetera vez. (Volvió a mirar al cielo) ¡Lo que tengo claro, es que cuando termine, y vengáis a recoger, yo no estaré aquí!
La mujer recogió unos cuantos papeles que asomaban de distintas carpetas y las ordeno al tiempo que ocupaba su lugar sobre el confortable sillón que había arrastrado durante cincuenta metros.
¡Es que es una mierda! Ahora con esto del internet, te enseñan a una señora que levanta ciento cincuenta kilos y está mejor que tú... que el máximo esfuerzo que haces por la mañana es remover la cucharilla del café. Y joder, contra eso no se puede luchar. Ni ellos son capaces de hacer lo que hace esa bestia. Tiene que haber crujido más penes con su vagina, que las espabiladas sacadineros. Antes te ponías tus cremas, te gastabas una pasta en peluquería para hacerte cualquier chorrada. ¡Que si las uñas, las pestañas el grosor de los labios! Te miraban, y ya no tenías nada más que hacer. Una buena sonrisa, comentario picarón, y el resto del día, a rascarte literalmente el coño. ¡Ahora no! ahora puedes ir enseñando las tetas, sacar el tanga por fuera, o en vez de pantalones, un hilillo que tapa lo mínimo. Y para ir de fiesta, lo mejor, la ropa marcada y humedecida del gimnasio.
¡Y no te miran! O se han dado cuenta, o se han vuelto todos maricones. Porque es que ni lo intentan. ¡Míreme! voy estilo Marilyn Monroe. Falda ajustada, luciendo cadera, camisa blanca abotonada hasta el máximo permitido, con las mangas dobladas, y estas gafas de empollona de Grease. Tacón alto, no de aguja, pero justo para lucir pantorrilla. ¿Y sabes qué? ¡No me ha mirado ni dios! Todos con el puto móvil, haciendo match a fotos de mujeres en poses terriblemente idiotizantes, luciendo todo lo que no tienen, para que un pringado en su misma situación, pero con dinero, rece para que ella haga lo mismo que él, y se puedan conocer en una cita mayormente aburrida o anulada en el último minuto. En el tiempo justo, en el que la otra persona, escondida como espía en acto de servicio, ve con quien ha quedado esta vez.
Nos estamos volviendo locos la verdad. Si lo único que quiero es que alguien me diga ¡Tía buena! Te lo voy a comer todo y a coserme el culo pa no cagarte y tenerte dentro. Y poderles decir... ¡Gilipollas! e irme a casa con la autoestima por las nubes. Solo pido eso. Y ni siquiera paseando por las obras. Luego sales a la calle, ves el repertorio que se repite una y otra vez, y te das cuenta de que se cansaron de flirtear y perder el tiempo y el dinero. Que prefieren una paja, o una prostituta, que les va a salir más barata y les dará muchos menos problemas.
O si no ya digo. Los centros de cruising están plagados de casados y heteros, buscando sexo rápido y sin complicaciones.
Ya no es lo mismo que era antes ¿Verdad Emilio? ¡Ahora sí que habrías disfrutado sin tener que esconderte, y con la conciencia más que tranquila! El macho Alfa (...) ¡El puto macho Alfa! Por fin se fue a la mierda, o por lo menos, ya no tiene tanto recorrido como tenía antes. Cuanto habrían cambiado las cosas, si estos desgraciados dominantes, no tuvieran el poder de haber ganado una guerra, contra su propia gente.
Poco a poco, aunque ya no nos quede mucho, porque el cambio climático, terminara con nosotros mucho antes de lo que creemos.
Tú... ¿Cómo me ves? ¿Estoy bien? --. (Emilio que no dejaba de sonreír ante la plática que acontecía delante suyo como espectador. Se quedo mirando a la mujer que ni siquiera se había presentado. Empezó a sonreír, a agrandar cada vez más la mueca que marcaba su cara, hasta que de pronto, una carcajada estallo de su boca. No podía dejar de reír. Todo aquello era enloquecedor, absurdo, estúpido, y por fin salió de su interior todo lo que se había contenido. Su risa, pillo por sorpresa a la mujer. Esta agrando los ojos mirando más atentamente a Emilio, mientras este, no dejaba de reírse al tiempo que le dolían cada uno de sus músculos. La risa se convirtió en contagiosa, y contra más se reía el, más se reía ella.
No podían parar de reír. Las lágrimas aparecieron por sus ojos, y poco a poco, fue amainando la histeria para convertirse en sensatez.
La mujer cogió un pañuelo y limpio la cara de Emilio, algo que este agradeció con una media sonrisa. Después cogió la botella de agua que estaba a los pies de Emilio y la abrió tomando un sorbo, sin preguntar siquiera, si este quería. La volvió a dejar en el lugar en el que estaba y echándose hacia atrás, se acomodó sobre el sillón, pensando; que había merecido la pena llevarlo hasta allí. Se sentía bien, fuerte, dominante. Se sentía sobre todo mujer. Y era todo cuanto necesitaba para poder mantener esa charla que iba a tener con Emilio en unos instantes.
-- Bueno... con esto del sillón, no he tenido tiempo ni de presentarme. Mi nombre es Raquel de Felipe, y me contrataron para hacer un registro de todas las mujeres que fueron violadas o maltratadas sexualmente durante su arresto en el grupo de torturadores al que usted pertenecía, y el cual se regía bajo sus órdenes.
Tengo un buen glosario de inscritas. Muchas de ellas, no quisieron hablar conmigo. No querían recordar todo lo que les habíais echo. Otras habían borrado de su memoria gran parte de las torturas, y apenas se acordaban de nada. Es una forma que tiene el cerebro para protegerse. Muchas quedaron tan tocadas, que no salieron nunca de los medicamentos. Una pequeña parte, aunque no tan pequeña, terminaron suicidándose, o bien en la propia comisaría, cuando les hacíais la bromita de ponerles el taburete y el cordón de sus zapatos en forma de soga. Y otras, y a pesar de verse fuera, se sentían señaladas, culpables, e incluso alguna llego a quedarse embarazada de uno de ustedes. Ante esto, se quitaron la vida. Una vida que carecía de sentido para todas ellas, las cuales, hubiera o no hubieran hecho la causa por las que estaban siendo “Interrogadas” no se merecían ni de lejos el trato recibido. Un trato peor al que se le va a dar a un animal a la hora de su sacrificio, para ser troceado y elaborado en sus distintos destinos. Un trato de macho Alfa, con la continua demostración ante sus compañeros de su hombría ante aquellos trozos de carne que encadenaban sobre una mesa.
En total fueron seiscientas trece mujeres las que pasaron por sus manos. Se dice pronto. Pero si uno se para a pensar en cada una de ellas. Se convierte en una lista infinita de terror y odio... difícil... muy difícil de poder clasificar. ¡Y a mí, no me hace ni puta gracia!
Si fuera por mí, te cortaría los huevos ahora mismo, y te los metería en la boca, para después coserla. No soy la única persona que piensa lo mismo. Pero me tengo que ceñir a las normas. (...) ¡Te juro... que estoy deseando saltarme esas normas! Pero automáticamente, vendría alguien a sacarme en volandas de aquí, y ya no se sabría más de mí. No te puedes ni imaginar, lo que me estoy aguantando por dentro.
Hacer las encuestas para saber todo lo que las hicisteis... Me quitaban años de vida. No puedo ni pensar en el sufrimiento que aguantaron esas niñas. Porque en su mayoría eran niñas que iban a la universidad. Cerrar los ojos e imaginarme vuestras caras, riéndose de ellas, criticando sus figuras, pegándolas. Obligándolas a hacer toda clase se perversiones propias de un desequilibrado. No tenía que haber cogido este trabajo, me ha dejado demasiado tocada. Durante dieciocho años recogiendo información sobre ti, y sobre tu grupo. ¡Heres una puta basura! Y todo cuanto te pase, será poco. Espero que todas y cada una de las palabras que han salido por las bocas de aquellas niñas, sirvan para algo, y no queden guardadas en un cajón; por la vergüenza de admitir, que vivimos un tiempo en el que éramos peor que los animales.
No levantare ciento cincuenta kilos, como la chica de internet. Pero puedo filetear un cuerpo, estando aún vivo.
Una de las preguntas que les hacía a las mujeres, es: ¿Si pudieras tener delante de ti a tus torturadores, y pudieras vengarte de cualquiera de ellos sin que te sucediera nada...qué harías?
Muchas lo habían pensado miles de veces a lo largo de su vida. Pero llegaron a un momento en el que, o paraban, o no podrían continuar con sus vidas. El karma era el refugio de muchas de ellas. Hera como quitarse un peso de encima y poner todo el peso de la conciencia en algo que ni siquiera sabían si existía. Pero que era la única forma de poder salir adelante y olvidar el pasado. Puesto que este, ya no despedía de ellas, dependía de una fuerza exterior, que ya se encargaría de equilibrar las maldades de las personas.
Otras, simplemente no harían nada, tal vez llorar por tener que recordar. ¿Pero que le van a hacer a alguien después de tanto tiempo? Pasaron treinta, cuarenta años de aquella barbaridad. ¿Qué se puede hacer con alguien que no ha sido juzgado por aquellos cargos? Todo lo contrario, han sido recompensados con unas putas medallitas al mérito policial.
¿Qué se puede hacer? Me decían. Ahora te tengo delante y lo único que quiero es rebanarte el cuello y ver cómo te desangras poco a poco hasta morir.
Algunas pensaron en haceros lo mismo que las hicisteis a ellas. Meteros algo por el culo sin vaselina ni nada. Tal como tenían ellas las vaginas; completamente secas. El dolor era indescriptible. Algún palo con pinchos. Hacerlos sangrar. Desgarrarles por dentro. Caparlos, dejarlos sin testículos para convertirlos en eunucos. Cortarles la polla para que tuvieran que mear como las mujeres. Pero ya digo, con los años, se va perdiendo la imaginación de lo que no se quiere recordar, el dolor sigue estando ahí, no se ira nunca. Pero ya... que se puede hacer después de tanto tiempo. Si hubiese sido a la semana, al mes, incluso al año. Pero la justicia... ¡Eran ellos! ¿A quién iban a denunciar? De entre todas las mujeres. Mujeres solteras, casadas, sin o con hijos, mujeres que vivían en la calle. Mujeres que tenían a cientos de hombres bajo el control de sus empresas. ¡Cuánto cambian las vidas! Nunca sabremos donde vamos a terminar, o que va a ser de nosotros.
¡La vida da muchas vueltas! frase típica del que no quiere enfrentarse al presente, y pretende vengarse en el futuro.
Estas que tengo aquí, son una pequeña parte de las entrevistas. Me imagino que no querrás escucharlas. (Emilio miro con una sonrisa a la mujer sin pretender ofenderla)
-- Perdona por no responder. Se de lo que me hablas. Tengo algunos recuerdos aún en la mente de aquella época. Me imagino todo lo que pondrán los centenares de folios que has tenido que rellenar para querer matarme tu misma. Y no te culpo. Mas aún, para mí sería un placer que pudieras hacerlo. Personas como yo, no tendrían que existir. Puedo echarles la culpa a las circunstancias, a la juventud, a no saber cuál era mi sexualidad. Al poder que me dieron sin yo pedirlo. Da igual. Ya no puedo volver atrás y enmendar mi error. Si la muerte es la única manera de pagar por todo lo que hice. ¡Adelante! no me opondré. ¿Queréis cortarme todos los dedos? no hay problema. Acuchillarme, ahogarme, romperme algún hueso... ¿te convertirías en mí? Yo soy el torturador. Yo soy el que sabe lo que hace más daño. ¿Quieres saber lo que haría conmigo mismo si fueras tú?
--¿Qué harías?
-- ¿Cuántos años me quedan de vida? Tal vez tres o cuatro. Como máximo cinco. No hay mayor tortura que recordar durante toda tu vida lo que hiciste a quien no debías.
No me suicidare. Dejare que sea una muerte natural. Pero tienes que encontrar la manera de que cada vez que me mire en el espejo, recuerde quien soy. La falta de dedos o la falta de piel son meras cicatrices con lo que puedes vivir sin problemas.
--¿Y qué puedo hacer, que te haga recordar la clase de monstruo que eres?
-- ¡Córtame la nariz! Tocaras carne hasta que en un momento se quede en hueso. Con un buen cuchillo, puedes cortar parte de ese hueso y será entonces, cuando al levantarme cada día a mirarme al espejo, podre ver la clase de monstruo que soy y fui.
Te estoy proponiendo algo que haría un torturador, si de verdad pensáis dejarme libre dentro de dos días.
O tal vez, tienes una propuesta mejor a la que acabo de darte. Estoy dispuesto a escuchar ofertas.
--Digamos que la opción más destacada, era meterte cosas por el culo hasta reventártelo. Pero no me apetece ponerte a cuatro patas y estar durante horas metiendo y sacando un consolador de tu trasero. Creo que, si los de arriba quieren, me quedo con tu propuesta.
--Pregúntales entonces
--¿Qué os parece chicos? ¿le quitamos la nariz de payaso?
-- ¿Estas dispuesta a hacerlo tu misma?
--¡Si! Por eso no hay problema. (Emilio sonrió a la Mujer)
--Muy bien, pero tendrás que cortarle la hemorragia. No queremos que se desangre. En la sala C encontraras todo el material para poder cortarle de un solo tajo. Es un bisturí de tamaño adecuado, aparte te dejaremos unos guantes de acero, para que no te cortes tu misma al hacerlo. También podemos llamar a Cris y que lo haga ella.
-- ¡No! Mañana será el día de Cris, hoy es mi día. En todo caso, se puede quedar con el trozo, una vez que lo haya cortado.
--De acuerdo. Encontraras gasas y todo tipo de vendajes para cortar la hemorragia. En este caso, no podemos quemarle la cara. Así que antes de taparle, le untas el vendaje con una crema que encontraras. Con eso será suficiente.
Raquel salió por la puerta trasera que se encontraba de espaldas a Emilio. Al rato volvió con una bandeja con ruedas, en dónde se encontraba todo lo que le habían dicho. Puso las gasas sobre la bandeja y unto la crema en ellas. Después corto tiras de esparadrapo que fue dejando pegadas en la bandeja para ir cogiéndolas según las fuera necesitando.
Se puso el guante de acero y miro a Emilio con una mirada fija en donde se escondían todos los odios que había ido acumulando durante todos estos años. Volvió a coger la botella de agua y le pego un buen trago hasta dejarla vacía. Emilio como un perro lastimero, agacho la cabeza ante su última oportunidad de saborear agua virgen.
Raquel cogió el bisturí, y con la mano del guante de acero, fue palpando su nariz hasta encontrar la parte que unía el hueso con el cartílago. Cogió con todas sus fuerzas el bisturí, y de un tajo limpio, se quedó con prácticamente toda su nariz en la mano. Una vez hecho esto, procedió a ponerle las gasas y el vendaje, que fue sujetando con el esparadrapo que había cortado previamente.
--¡Ya está! ¿Qué es lo que sientes?
-- ¡Que te hayas bebido toda el agua! Tenía que decirlo.
--¿Solo eso?
--¿Te sientes mejor?
--¡No!
Emilio sonrió a Raquel. A veces pasa. ponemos tantas expectativas en algo que llevamos cultivando durante años, que cuando al final sucede, nos preguntamos: ¿Y tanto para esto? por eso existe el karma. Para que sea otro el que reparta a cada cual aquello que se merece. ¿Me quieres cortar las orejas?
-- ¡Y el rabo, no te jode! ¿No has tenido suficiente con esto?
--La pregunta es: ¿Tú, has tenido suficiente con esto?
--¡No! Me pasa igual que ellas. Después de tanto tiempo, la venganza pierde la gracia.
--Llama a Cris... Quiero ver como se lleva mi nariz.
Raquel llamo a Cris, que enseguida apareció en la habitación. Subió por las piernas de Emilio y se puso de pie sobre la mesa. Con la nariz aún cogida con el guante de acero, se lo acerco a Cris y esta se quedó parada delante de ella.
--Tienes que dársela, si no, no la cogerá.
--Es para ti.
Cris hurgo entre el guante de metal y libero aquel trozo de carne. Lo cogió entre sus dientes, y con un breve chillido volvió por donde había venido.
-- Me da la sensación de que no conocías a Cris.
Me habían hablado de ella. Una rata normal suele vivir tres años. Esta tiene ocho años. Es la sesta generación de una saga un tanto particular. Me imagino que mañana te explicaran todo sobre ella.
¿No sientes dolor?
-- Toda mi vida he sentido dolor por aparentar quien no era. Esto es una herida, nada más. Además, desde que me frieron el cerebro, veo todo como si fuera una película en la que estoy participando, pero sin ser yo. Tenían que haberlo hecho al final, si lo que querían era que sufriera un suplicio como el de mis víctimas. ¿Doler? (...) si, dolor físico. Pero al igual que a tus entrevistadas, hay otra clase de dolores que no se olvidan nunca.
Vivo dentro de un cuerpo. Como cualquiera de vosotros. Un día tendré que dejarlo. Quisiera creer en Dios. Pero no puedo hacerlo si existo yo. Mis pensamientos, mis ideas, todo cuanto circula por mi mente, se trasladará a otro lugar del que nadie ha vuelto. Espero que todo ello se muera al mismo tiempo que mi cuerpo, y no se traslade a ningún otro lugar.
Soy un error genético. Un muchacho que se dejó llevar por la idiotez de sus mayores, y heredo su sadismo y su locura. ¿Podía haber hecho algo para evitarlo? ¿Acaso nos preguntan si queremos nacer? ¡No! Todos echamos la culpa a nuestros padres en algún momento de nuestras vidas por habernos traído a este mundo de mierda, donde se vive según sus leyes, no las nuestras.
En una ocasión cogimos a una chica. La atamos a la mesa, la desnudamos. Ya teníamos la declaración. Habría firmado que era Napoleón Bonaparte sin que la hubiésemos tocado un solo pelo. Mientras todos la violaban, ella susurraba: Mañana será otro día, mañana será otro día. Nunca se resistía, nunca gritaba, admitía la tortura como el que admite un cáncer en fase terminal. Por más que la pegáramos, la vejáramos... solo susurraba eso. Mañana seria otro día. No alcanzo a pasar los diez días que pasaban todas. Pronto dejo de interesar a los hombres. Una mujer tan sumisa que ni lloraba ante los golpes, no tenía razón de ser. La soltamos al tercer día. Paso por los pasillos de la comisaria con la cabeza agachada. Le dieron sus pertenencias, le dijeron algún que otro recordatorio, y la señalaron la puerta. Tenía interés en saber qué es lo que aria al ver el sol después de estar encerrada. Me coloque en la salida de la puerta, apoyado en la barandilla, fumando un cigarrillo.
Al verla me quede mirando su cara. No rejuveneció. Como suele ocurrirles a todos aquellos que se ven libres después de las torturas. Miro su reloj y susurro: Mañana será otro día. La acompañe durante un tiempo para saber a dónde se dirigía. Entro en una tienda donde se disculpó por no haber dado noticias de su paradero. Que, si no estaban enojados, mañana volvería a trabajar para ellos. No hubo mayor problema, y más teniendo en cuenta, que el hijo del dueño, también había sido detenido en otras circunstancias.
La mujer se fue a casa. Una casa antigua que pronto demolerían para agrandar los exteriores de Madrid. Antes de entrar, se sentó en las escaleras, y fueron apareciendo todos los gatos del barrio, que se pusieron a maullar a su alrededor. Fue entonces cuando se le ilumino la cara. Cuando sentía la felicidad de ser libre. Entro en la casa, con todos los gatos detrás, y empezó a llamarlos por su nombre al tiempo que le contestaban.
Los días no existían para ella sin aquellos gatos que cuidaba con el mayor de los amores. Podrían haber hecho lo que quisieran con ella. Pero sabia, que algún día, tendrían que soltarla, y volvería al lugar que más amaba. La tortura no existía para ella, porque mañana seria otro día. Si hubiésemos matado a todos aquellos gatos delante de ella. Estoy más que seguro, que se habría quitado la vida al más mínimo descuido.
Todos necesitamos una razón de ser, para seguir vivos en este mundo de locos. Lo contrario es el suicidio, o morir en vida. Son muchos los que se mueven como marionetas por la calle sin saber que hacer ni que decir. Pasan los días sin pena ni gloria. Les obligan a vivir y es lo que hacen. No buscan nada que les guste. Nada por lo que luchar, por lo que levantarse cada mañana. Los gritos del jefe les son indiferentes, y las bromas de los compañeros; una chorrada más que apuntar a la lista de estupideces.
La niñez es muy importante para todos. Depende de con quien estes rodeado, dependerá el resto de tu vida. Puesto que adsorbemos todo cuanto sucede a nuestro alrededor, y creamos así nuestra futura personalidad.
Aquella mujer, fue abandonada nada más nacer. Las monjas se hicieron cargo. Las otras chicas se metían con ella porque nunca se defendía. No tenía motivos por los que defenderse. Nunca hizo nada para merecer aquellos castigos o burlas. Las monjas la trataron con dureza para haber si así conseguían que la sangre le hirviese por dentro. Pero ella no tenía necesidad. Al final, la dieron en adopción, a una familia que la utilizo como criada. ¡Nunca rechisto! Era la empleada ejemplar que todos querrían tener.
Un día apareció un gato por el patio. Hera cariñoso, se rozaba con ella, y siempre estaba jugando con ella, cada vez que la veía. Ella seguía haciendo todas sus tareas sin rechistar, sin levantar la voz, sin discutir.
Pero para sus padres adoptivos, el gato les parecía una distracción en sus funciones, aunque estas nunca estuvieran desatendidas. La madre decidió que había que matar al gato. El padre obediente de su esposa, le pego un porrazo en la cabeza que lo dejo tieso allí mismo.
Aquella noche su hija adoptiva les hizo un caldo de carne. Nunca comía con ellos, siempre esperaba a que ellos terminaran para recoger y comer sola.
El caldo les agrado mucho. Tanto que quisieron saber cuál era la receta y la carne que había utilizado. Ella les dijo, que les había cocinado su felicidad. Y sobre la carne, la que el padre mato ese mismo día. El secreto de la pócima, era el veneno de una flor de la que pocos sabían, mezclada con la sangre del animal.
Poco se pudo hacer por ella al ser menor de edad. La internaron en un centro hasta que consiguió la mayoría de edad. Y de sus padres, recibió sus bienes y su dinero al ser hija, aunque fuera adoptada.
Mañana será otro día. Ya pasaron ocho o nueve días, según se mire. Sigo vivo... Y por lo que parece, voy a vivir otro momento estelar, como todos los que llevo viviendo desde que estoy aquí.
Hoy perdí la nariz. Pero aún sigo vivo. Aunque solo sea, para recibir los golpes de aquellos a los que he maltratado. Esa será mi felicidad.
No pienses en lo que has hecho. No has sido tú. Ha sido el Karma.
Raquel se quedó mirando a Emilio un buen rato en silencio. Aquel hombre se había vuelto loco. Le habían quemado el cerebro, y le había dado por hacer de mesías. Ninguna otra persona estaría diciendo las estupideces que él estaba soltando. En todo caso, estarían rogando que los matasen para acabar con el sufrimiento. Pero el no. Él quería vivir para seguir recibiendo más. Estaba claro que cada vez entendía menos a los hombres, y que ella, no recogería nada de lo que había dejado allí.
Recogió todas sus carpetas. Miro por última vez a Emilio, y sin saber que más decirle, añadió; Aquí termina mi tortura.
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